LA DESPEDIDA

En estos días que me ha dado por reflexionar sobre la muerte he llegado a la conclusión (siempre por que creo que me gusta más) de que cuando nos vamos a morir no es el momento de las despedidas.
No, las despedidas deben de ser cuando ya no estás vivo.
Me explico: debe de haber un tiempo desde que físicamente estás muerto hasta que desapareces y tu energía deja de fluir.
Creo que la energía que todos poseemos es la que nos permite hacer una despedida de todas aquellas personas o animales que deseemos despedirnos, una despedida tranquila y sosegada, como si de un sueño se tratase.
Es esa despedida que hace posible que los que se quedan aquí sean capaces de soportar el dolor que el que se ha ido ya no tiene
Es esa despedida que permite decir lo que quizás jamás has dicho, una despedida para ir ligero de equipaje y porque todos necesitamos decir el “te quiero” que he guardado durante todos estos años o el “perdóname” que me ha ido ahogando durante gran parte de mi vida, quizás el “gracias” ó el “he sido muy feliz”.
Es la despedida de hacer que después nadie se acuerde de ella para no condicionar la suya propia pero que hace que tengas algunos flases de ella, por ejemplo habréis oído algunas veces que cuando se ha muerto alguien muy cercano a nosotros decimos. “es una sensación como si aún no se hubiese ido” ó “.Es que me parecía que me hablaba” ó “sueño con que está aquí conmigo”.
Esas son las despedidas. Cuando yo estuve haciendo un curso para auxiliar de personas con VIH, además de conocer a gente estupenda nos hablaron de muchas cosas relacionadas con la enfermedad en general, la vida y la muerte.
Nos explicaron como podíamos ayudar a la gente a morir. Si efectivamente es necesario que antes de morir veas o sigas (si puedes) aquello que no quieres dejar de decir o de ver. El trabajo del que está al lado es el de facilitar la tarea de este, bien llamando a alguien o haciéndote responsable de algún acto que quiera hacer.
Recuerdo a Carlos un gran chico con una vida muy difícil pero con un arraigo a ella envidiable. Yo estuve con él en esos días en los que ves que te vas y poco a poco asumes tu partida pero no quería irse sin ver el mar. “un atardecer el la playa Merche, eso tiene que darte más placer que toda la mierda que me he metido durante tantos años”.
Muy difícil me lo puso estábamos en Madrid y él estaba encamado y sin posibilidad de movilidad. Fue entonces cuando le lleve al hospital un documental en el que aparecía una playa de Cádiz y como poco a poco el sol se iba ocultando.
Le dije: esto es lo que hay, tu no vas a la playa pero la playa y el atardecer viene a ti, y juntos vimos el documental no sin derramar algunas lagrimas que los dos tratábamos de esconder, hasta que cuando acabo le dije: Mira Carlos me va a dar algo a si que vamos a llorar los dos juntos, nos abrazamos y curiosamente después terminamos riéndonos.
No estuve con él en el momento de su adiós pero si puedo decir que al día siguiente de su muerte sentí la misma sensación que tuve cuando estuvimos abrazados viendo el documental en el hospital. Lo interpreté como que le gusto y estaba finalmente tranquilo y bien y le agradezco su dulce despedida.
Merche








buscando dijo
Merche, me has emocionado.
Tengo a un ser querido, mayor, enfermo y que parece que se apaga un poco más cada día. Tengo que pensar todos los días en que algun dia no estará para que podamos despedirnos así, como tu cuentas. Diciendo sin decirte. Simplemente sintiendo.
Un saludo!
12 Junio 2009 | 09:43 PM